Los muros que construimos a nuestro alrededor

 

 

“Todavía recuerdo el primer día que cruzó la puerta. Aparecía cabizbajo, con la mirada hacia el suelo. A sus espaldas parecía acompañarle un gran peso. No le quedaba energía, decía. 

 

Se sintió profundamente fracasado cuando se vió en consulta. Sus ojos pedían perdón por estar allí, su voz susurraba un: “No he sido capaz de seguir adelante solo”. .

 

Se le encharcaban los ojos cuando hablaba de su mujer, se palpaba la tristeza aunque sus lágrimas no podían derramarse. Me explicaba que sentía como si hubiera construido un muro entre ellos dos. Se sentía perdido. No tenía muy claro si quería derribarlo o irse muy lejos de ella. .

 

Desde pequeño había aprendido a no mostrar sus emociones. Él decía que era una persona muy estable y fuerte. Un luchador. Pero había aparecido ésa sensación de sentirse perdido, vacío, solo, al margen…

 

Sin darse cuenta, a lo largo de su vida, fue construyendo un muro a su alrededor. La primera piedra fue cuando aprendió que no podía llorar (ya sabes, los niños no lloran). La segunda cuando le dijeron que tenía que ser fuerte, valiente; aprendiendo así a no mostrar su miedo. La tercera fue cuando perdió su primera batalla: enamorar a la chica de sus sueños. No lo consiguió y le dolió tanto que se prometió a sí mismo no volver a mostrar su parte más cariñosa. .

 

Así creció. Construyendo poco a poco un muro a su alrededor.

 

Un muro que le protegía y que a su vez, escondía toda la frustración, la culpa, las lágrimas, el miedo, la sensación de sentirse fracasado, el amor, la alegría…

 

Al otro lado del muro, estaba su corazón. Que sentía, que vibraba, que se estremecía. 

 

Y ahora que lo conocía, no sabía si derribar ese muro o quedarse al otro lado.

 

No conocía a nadie que hubiera derribado ese muro, no había visto llorar a su padre, ni a su hermano. No había hablado con ellos del miedo que siente cada vez que la mira y le dice: yo también (te quiero). Sólo escuchaba hablar de las batallas “ganadas”, de los retos conseguidos. 

 

Pero la vida tras el muro era muy solitaria...

 

¿Cómo no iba a sentirse solo?

 

Si cada vez que él quería decir TE QUIERO, esperaba tras el muro a que ella se lo dijera. Si cada vez que él tenía MIEDO, se sentía un fracasado. Si cada vez que quería decir, LO SIENTO, alzaba su voz para defenderse. Si cada vez que alzaba su voz, se sentía más distante. Si cuando quería decir, TE ECHO DE MENOS, sólo tenía energía para salir de ahí, corriendo y sin mediar palabra.

 

¿Sabes? 

 

Su corazón le pedía estar cerquita, pero cada vez que lo intentaba... se encontraba con el muro”. 

 

Silvia Montero 

 

Hoy, queríamos compartir contigo su historia, que en muchos aspectos se puede parecer a la mia, la tuya y la de muchos hombres. Todos nos podemos descubrir construyendo muros muy altos, que nos protegen pero a su vez, nos impiden sentirnos acompañados. 

 

Si sientes que existe un muro dentro de ti que te impide avanzar y quieres que te acompañemos en ése camino, no dudes en escribirnos ;) 

 

Estaremos encantados de trabajar juntos! 

 

 

 

 

 

 

 

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